Cruzando fronteras: Cómo ir de Katmandú a Varanasi por tierra

Dejamos Nepal para continuar nuestra aventura por India, y lo hicimos por tierra. Íbamos un poco nerviosos por la incertidumbre de no saber si llegaríamos a nuestro destino ese mismo día o nos tocaría maldormir en algún sitio (como así fue!). La verdad que el viaje fue toda una odisea! En este post os lo vamos a contar pasito a pasito.

AUTOBÚS KATMANDÚ – BELAHIYA

Lo primero que tuvimos que hacer fue pegarnos un buen madrugón para coger el autobús que nos llevaba a Belahiya, la ciudad fronteriza con India. Así que a las 6 estábamos en la estación para salir a las 6.30. El camino transcurrió sin ningún contratiempo. La carretera estaba bastante mejor de lo que nos esperábamos y se hizo bastante bien. Lo único que nos dijeron que el autobús tenía wifi y aire acondicionado y ni una cosa ni la otra, pero a eso ya estamos acostumbrados…

A pesar de que este autobús era más caro (825 NPR -6€ aprox) preferimos cogerlo porque el camino son unas 10h y no nos imaginábamos tantas horas dentro de un bus local chatarrero y apretados.

PRECIOS Y HORARIOS: El local vale 550 NPR (4€ aprox) y es más flexible porque hay cada media hora desde las 5 hasta las 12 pero tarda más (12h) y es más incómodo. Otra opción era el autobús deluxe por 600 NPR (4,5€ aprox) pero sale a las 10 de la mañana y hubiéramos llegado muy tarde para cruzar la frontera. Y el AC vale 825 NPR (6€ aprox) y sale a las 6.30, va más rápido, es cómodo y si tienes suerte te toca uno con wifi.

Sobre las 15.30 llegamos a Bhairahawa. Nos vendieron el billete diciendo que llegaba a la frontera pero no, te deja aquí y hay que coger un bus o tuktuk a la frontera, a Belahiya. Nosotros cogimos un bus. Cuesta 15 rupias, lo cogimos en el mismo lugar donde nos dejó el otro y tardamos como 20min.

Una vez en la frontera nos tocaba pasar por inmigración, que no es tarea fácil porque está un poco camuflado con puestos de comida, camiones, motos, gente… así que casi nos lo saltamos! El puesto de inmigración nepalí es una casetilla a la izquierda, donde tras rellenar un papelito nos pusieron el sello de salida del país.

LA FRONTERA: BELAHIYA – SONAULI

Un vez fuera de Nepal teníamos que llegar a Sonauli, la primera ciudad India, donde teníamos que pasar de nuevo por inmigración para que nos pusieran el sello, esta vez de entrada al país. Un montón de tuktus se ofrecían a llevarnos, pero son solo unos 800 metros, así que decidimos andar. La caseta está a la derecha y hay que ir atentos porque también está camuflada y, de nuevo, casi nos la saltamos!

ACERCÁNDONOS A NUESTRO DESTINO: SONAULI – GORAKPHUR

Una vez en Sonauli, nuestro objetivo era llegar a Gorakhpur, porque en esta ciudad es donde se coge el tren a Varanasi. Barajamos la opción de quedarnos allí en la frontera y continuar al día siguiente, pero vimos una habitación que era bastante cutre y cara así que al final nos la jugamos aun sabiendo que cabía la posibilidad de tener que hacer noche en la estación de tren.

Así que nos pillamos unas samosas take away y fuimos hacia el autobús. Pensábamos que no podría haber autobuses más chatarreros que los de Nepal, pero vaya si nos equivocábamos. Este bus era para verlo… y encima no había apenas espacio y ya se sabe con los buses por aquí, que no tienen el concepto de que el bus está lleno… Nunca hay suficiente gente para ellos! Total que aquí metidos, bien apretaditos estuvimos casi 3horas y pagamos 100 IRP (1,25€ aprox).

Por el camino, mirando por la ventanilla ya empezamos a notar un cambio con respecto a Nepal. Había mucha más gente y mucha más vida por la calle. Pero estábamos tan cansados que casi no prestamos atención.

Al llegar, se nos avalanzaron como 10 conductores de tuktuk ” Railway mam?” ” Tuktuk sir?” ” Where you go? ” Y aunque les digas que no, allí se te plantan al lado y te siguen y te agobian! Al final negociamos y conseguimos que nos llevaran a la estación de tren por 80 IRP (1€), cuando nos pedían 150 IRP (2€ aprox).

Cuando llegamos a la estación, nos pegó una bofetada de realidad. Estábamos en India. Cientos o miles de personas acampaban en las afueras de la estación, unos dormían tapados con mantas, otros cenaban, otros simplemente estaban. Todos ellos esperaban a algún tren. Entramos dentro y el panorama no era mejor… era hasta complicado caminar por dentro de la estación de la cantidad de gente que allí había en el suelo.

Y allí comenzó nuestra misión imposible: comprar un billete de tren! Vamos a una ventanilla, nos dicen que allí no nos pueden vender uno, que vayamos a la tourist information. El tío cuando llegamos estaba cenando y no nos hacía ni caso. Cuando ya terminó, al rato, le decimos que queremos un billete para esa noche a Varanasi y nos dice que imposible, que para mañana. Vale, pues para mañana. Nos da un papel para rellenar y al mismo tiempo 3 tíos más empujan e intentan hablar con el de la ventanilla. A ver señores, que estamos nosotros! Pero a ellos les da igual. El de la ventanilla no nos asegura si tenemos tren para las 5.30, puede que sí pero separados cada uno en un vagón. No, queremos juntos, le decimos, pero nos ignora y los de detrás aprovechan para empujar y meter el brazo. El señor nos dice que no es su culpa, que lo intentemos por la mañana. Le decimos que no, que queremos los billetes ya. Se pone a imprimir, tarda la vida sin decirnos nada, ni si ni no. Al final, después de un rato luchando con el de la ventanilla y con los de detrás, conseguimos los billetes para las 5.30.

Teníamos mucha noche por delante, así que nos fuimos a cenar algo en un restaurante de fuera de la estación, que hay muchos. Y después nos pusimos a buscar un sitio para unirnos a la “fiesta” y poder dormir un poco. Nos metimos en la sala de espera y, de repente, escuchamos un ruido y vimos a un chico con discapacidad correr seguido de un guardia de seguridad. El chico había hecho alguna trastada y el guardia lo alcanzó y le empezó a pegar puñetazos en la espalda como si no hubiera un mañana. Nosotros nos quedamos perplejos ¿Pero qué es esto? Y por supuesto, nadie hizo nada por evitarlo, ni se acercaron al chico a ver qué había pasado o cómo estaba, nadie se sorprendió por la situación. Dedujimos pues, que esto será una práctica habitual…

Con esta imagen, nos acomodamos como pudimos en el suelo encima de un plástico que compramos, e intentamos dormir unas horitas.

¡POR FIN! TREN GORAKHPUR – VARANASI

A las 5 de la mañana nos levantamos doloridos y nos fuimos a buscar nuestro tren. Habíamos cogido la “sleeper class” para poder dormir un poco pero nos tocaron las camas de abajo, que no nos gustaban porque no te puedes tumbar ya que durante el día sirven de asiento para los de la litera del medio y de arriba también. Y además se acopla más gente!! Así que intentamos coger la postura como pudimos y echamos alguna cabezada porque estábamos muertos. Eso sí, con un concierto “eructil” de fondo. La señora de nuestro lado, que se debió de levantar con gases la mujer y no paraba…

Cuando nos despertamos abrimos las ventanas. Nos quedamos embobados viendo el paisaje por donde íbamos pasando, con varios pueblitos sumidos en la pobreza, rodeados de basura, con aguas putrefactas donde limpian los cacharros, y unos palos cubiertos con lonas a modo de casas. Se nos puso un nudo en el estómago y presentimos que no iba a ser la primera vez que viéramos aquella imagen en nuestros días en India.

Al bajar del tren, un montón de tuktukeros nos asaltaron de nuevo. Negociamos y conseguimos que por 120NPR (1,5€ aprox) uno nos llevara a nuestra guesthouse. El camino en tuk tuk fue todo un festival de estímulos para nuestros sentidos: pitidos de motos, vacas por todos lados, olor a contaminación y a mierda y mucha gente. Pero además entramos en contacto con la forma de conducir de aquí y madre mía. Parecía que íbamos en un videojuego, haciendo adelantamientos imposibles, golpeando a algún vehículo y a punto de llevarnos a más de una bici, moto y persona por delante. El tío lo daba todo, como si llevara prisa el hombre.

Cuando llegamos a la Singh guesthouse nos pareció un oasis de calma en medio de la ruidosa ciudad. Así que decidimos que de allí no nos moveríamos ese día. Comimos, estuvimos al solecito en el jardín hasta que nos entró la modorra, nos dormimos la siesta, salimos a la terracita, cenamos y aquí cogimos fuerzas para mañana.

Hoy no estábamos con ganas ni con la energía suficiente como para enfrentarnos a la ciudad.

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